¿Progreso?
Con la tranquilidad mental que da saber que nada es realmente original puedo escribí tranquilo este post.
Desde hace un par de semanas que reflexiono sobre el hecho de porque nos encontramos globalmente en la posición en la que estamos. Siempre hay alguien que se adelanta. Hoy entre mis feeds me encuentro con un post de Martín Varsavsky con el título de “¿Dónde está el futuro que nos prometieron?“.
En resumidas cuentas Martín cree que el avance en ciencia, tecnología y calidad de vida se ha detenido o ralentizado (el resumen es pobre, lo se, recomiendo mucho leer ese post y el blog de Martín en general).
Coincido con el tono del artículo en general, y tengo varias reflexiones al respecto. Mis pensamientos son muchos y desordenados. Pido perdón de antemano por la verborragia que sigue.
Aceleración. Creo que si en el año 2500 alguien intenta resumir el siglo XX, esa es la palabra que va a usar. Charlando con amigos diría “nos zarpamos de ‘progreso‘ desparejo”. Avanzamos mucho en ciencia y tecnología. Los progresos industriales y económicos fueron casi violentos. Pero dejamos otras áreas desatendidas. Muy desatendidas. Nuestros sistemas de gobierno, la filosofía, incluso las artes -por solo nombrar unas pocas- se estancaron o retrocedieron. Nuestro sistema representativo es, en algunos aspectos, incluso menos avanzado del que usaban los griegos hace mas de 2000 años.
Las sociedades en sus aspectos centrales son iguales desde que las primeras tribus se volvieron agrícolas y sedentarias.
Se dice que somos más inteligentes, yo creo que, a lo sumo, nos volvimos mas prácticos. Tengo que reconocer que se me revuelve el estómago cada vez que algún antropólogo justifica comportamientos colectivos típicamente imbéciles diciendo que son “herencias de la evolución”. Tenemos algo que ningún otro animal posee: la capacidad de racionalizar. Dejemos de joder con que no podemos pelear contra aquello que está programado en nuestro genóma. Si podemos. Y así como los genetistas pueden intentar evitar que suframos enfermedades hereditarias podemos, a través de un esfuerzo consciente, evitar la boludez hereditaria (y colectiva).
Tenemos, como humanidad, que dejar de mirar el propio ombligo. No podemos seguir actuando de manera inconsciente y no sustentable. Es imposible sostener el egoísmo a través del tiempo sin que ese mismo egoísmo vuelva para atacarnos. Aceptar que somos miopes y que la misma vorágine que nos impuso el avance del siglo XX nos acortó la vista aun mas es un buen primer paso.
Argentina, en muchos casos, es el epítome máximo de la miopía de las clases dirigentes. Desde que puedo pensar por mi mismo (si es que eso sucedió en primer lugar) que no recuerdo una sola resolución tomada con mas de un par de años de utilidad inmediata. El hecho de que la utilidad fuera además para unos pocos es casi anecdótico a estas alturas.
Lo mismo pasa a nivel global. Que las empresas farmacéuticas gasten mas dinero en mercadeo que en investigación es el epítome de lo imbéciles que nos volvimos.
Pero cosas de ese estilo no están mal per-se, al fin y al cabo las empresas tienen un solo objetivo: ganar plata. Y está bien que así sea. El mercado y la competencia son poderosos motores de progreso.
Pero queda claro que el mercado solo no alcanza para que la humanidad como un todo avance. La ilusión ultra-liberal de que el mercado en si mismo llevaba a la utopía máxima cayó mas rápido que las acciones de Lehman Brothers.
Antes de que alguien se asuste y crea que mi próximo párrafo va a ser un argumento cuasi-kirchnerista a favor del estado gigantesco: respiren tranquilos, nada mas lejano de mi pensamiento.
Buda, despues de matarse de hambre durante demasiado tiempo llegó a la muy simple conclusión de que ningún extremo es bueno. Otro lider religioso que andaba suelto por Judea hace unos 2000 años dijo “al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”. Pretender que el mercado, por si mismo solucione todos los aspectos de una sociedad organizada es tan irrisorio como su opuesto. Demasiado estado o demasiado mercado se parecen. Dejan enormes vacíos.
Esto me lleva a intentar responder la pregunta original de Martín. ¿Por qué estamos estancados? Porque perdimos el foco.
Imaginemos que el CEO de Glaxo plantea una estrategia de I+D a mediano plazo. 30 años, con focos bien definidos y estrategias prioritarias sobre ciertos aspectos mas problemáticos de la salud. Los inversionistas y accionistas de Glaxo pedirían su cabeza en bandeja. Sin lugar a dudas.
Áreas cruciales como la investigación básica no pueden estar únicamente en manos del sector privado. Hay un simple conflicto de intereses que crea una contradicción auto-destructiva. Y es la investigación básica y sin fines de lucro al corto plazo (pero hiper-lucrativas al largo plazo) la que fuerza el progreso. Tampoco debe ser solo el estado o las academias las que deben tener todo el control, sino que se debe lograr un equilibrio de colaboración que beneficie a todos.
Los Griegos creían que lo único digno de un hombre libre era el Ocio Creativo. Si alguien hiciera ocio creativo lo veríamos como un vago, un inútil, alguien que no aporta nada. El problema es que la única medida del hombre en los tiempos que corren se mide en dólares. Uno es lo que gana ante los ojos de los pares.
Los Romanos, por otro lado, vieron a la filosofía como una debilidad luego de que Julio César y Augusto impusieran la moda de llamar “república” a todo aquello que tiene poco de republicano. Cuando los Romanos dejaron de pensar solo por pensar entraron en el espiral de decadencia que dió lugar a tantas películas (y, secundariamente a la caida del imperio… ).
Si queremos seguir progresando, avanzando y -casi diría- “sobrevivir”. necesitamos balancear. Hace falta que el mercado sea lucrativo (es el motor debajo de todo), hace falta que los estados sean responsables y hagan eso que es imposible de pedirle a las empresas, penar a largo plazo. Hace falta que haya gente que se dedique a pensar “solo porque si”.
Hace falta pensar.
Punto.
Ahora dejo el ocio creativo y me pongo a trabajar…
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