Sobre la ley de medios

Argentina vive tiempos complicados.

Eso es innegable. Los ánimos estan caldeados. Cada intercambio de opiniones o puntos de vista políticos se transforma en un superclásico, en una lucha de facciones, un “nosotros contra ellos”.

No se en que punto la situación se trastornó hasta llegar a este absurdo. Pero la verdad es que me molesta mucho sentirme casi obligado a tomar partido. ¿Gobierno o campo? ¿K o Clarín? En general mi respuesta es “ninguno”.

La discusión sobre una ley de medios va a ser siempre un tema delicado.

Por una parte las empresas privadas dueñas de medios vana querer siempre tener la menor cantidad de controles posible. Tener que cumplir con la menor cantidad de regulaciones y condiciones como para poder expandir el negocio al menor costo posible y con la mayor virulencia que se pueda sustentar.

Por el otro lado los políticos (en particular la patética clase dirigente Argentina) no son conocidos precisamente por saber manejar la crítica con altura. Y una gran parte de las críticas es canalizada (¿u originada?) desde los medios.

Existen entonces dos ámbitos fuertes. Ambos con control sobre el otro, ambos con poder sobre el otro.

El gran problema sobre lo que se oye decir acerca de la ley de medios es que son, una vez más, todas posiciones absolutas. Blanco contra negro.

Una ley de medios (o ley de servicios de comunicación audiovisual) es, muy posiblemente, una de las regulaciones más importantes que posee una democracia, dado que es la eficaz y honesta comunicación de los eventos la principal herramienta para defender esa forma de gobierno.

Por ello no debe ser tomada a la ligera.

Voy a intentar, a lo largo de las siguientes semanas, comunicar mi opinión y punto de vista acerca de la ley de medios.

Cómo adelanto puedo decir que no es:

  • La quimera que el gobierno quiere hacer creer que es
  • La sentencia de muerte a la libertad de información que algunos medios quieren hacer creer que es.

Tiene algunos puntos realmente interesantes y positivos, otros que son contradictorios y algunos que deberían ser quitados de cuajo o reformados a su directo opuesto.

Al menos me voy a tomar el trabajo de leer la ley.

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