Hacer, Decir, Pensar
Allá lejos y hace tiempo, en Atenas cierto barbudo, conocido como Sócrates se dedico a poco más que pensar y decir. No escribía, más aún: aborrecía la escritura. Lo que sabemos de él es gracias a sus discípulos (Platón en particular) que fueron “early adopters” de la escritura. Queda claro que pensaba más de lo que decía. Pero hacer, en el sentido post-revolución industrial del término, no hacía un carajo.
Claro que Sócrates no era un bicho raro en ese sentido. Para los Griegos Atenienses “hacer” era algo bajo, pobre, triste. Se lo dejaban a los no acaudalados y, particularmente, a los esclavos.
Dos mil años mas tarde uno quisiera creer que la cosa se ha balanceado. Pero no. Se volcó completamente hacia el otro lado.
“Hacer” está bien. “Decir” es aceptado (siempre y cuando se haga). “Pensar” es una actividad reservada para los profesores de Filosofía.
Gracias a la modernidad el hacer es sinónimo de productividad. Todo lo demás es dispensable.
El argumento de “por lo menos nosotros hacemos” cae por su propio peso y falta de sostén intelectual. Es esgrimido a diario por todos aquellos que, ante una crítica, se escudan en la dichosa frase para hacer oidos sordos a cualquier observación, sin tomar en cuenta si es válida o no.
Pero eso es solo la mitad del problema. En ambientes como el del marketing donde lo único más grande que las falsas promesas de ventas astronómicas son los egos de las personas involucradas, dar una opinión de algo es sacar el cuello para para que caiga el hacha.
Lo irónico del caso es que la misma gente que tiene la sensibilidad tan a flor de piel es la misma que se la pasa puteando todo lo que hace la agencia/central/empresa de la vereda de enfrente, por lo general simplemente porque lo hizo la competencia, sin demasiada argumentación.
Según mucha de esta gente uno debe haber hecho lo mismo o mas que ellos para tener algún tipo de autoridad. Lo cierto es que, siguiendo esa línea argumentativa solo los presidentes y ex presidentes podrían hablar mal del poder ejecutivo, solo los jueces de la suprema corte podrían hacer una crítica sobre el sistema judicial.
Claro que no hay nada mas lejano de la realidad. En mi experiencia profesional siempre intento exponer lo que hago a un público lo más amplio posible: a expertos, a novatos y a todo el arco iris entre esos extremos.
Sentirse una autoridad en cualquier ámbito es terriblemente peligroso. Solamente los genios (esa gente que es una en varios cientos de millones) pueden salirse airosos mientras se suben a un pedestal. Todos los demás deberían repensar sus actitudes.
La modestia es un prerequisito para aprender; en un mundo donde las cosas cambian a cada segundo de manera violenta aprender es una necesidad, no un lujo.
Porque para decir no es necesario solo hacer, pero si es fundamental pensar.
