Descubriendo la Pólvora

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Por lo general el conocimiento o los descubrimientos están ligados con su tiempo, con la meta-realidad con la que conviven. Se requiere de todo un entorno para que algo sea hallado o se vuelva relevante.

El hecho de que el mundo es una esfera (ok, Geoide)  era conocido desde la época de la Antigua Grecia, pero no fué hasta Colón o Magallanes que el dato se volvió irrefutable, y, por sobre todas las cosas, relevante.

Las implicaciones práctico-reales de la posibilidad de la circunvalación al globo abrieron un universo de posibilidades, e hicieron imposible volver atrás. Si bien a veces parece lo contrario, el conocimiento es acumulativo y unidireccional.

Desde al menos la década del 60 que se tiene la noción de que la publicidad es engañosa. Conocimiento intuitivo por parte de la audiencia (o parte de ella) y empírico por parte de los publicistas. Conocimiento irrelevante en su contexto dada la falta de alternativas.

Entonces llegó Internet, la vuelta a la personalización del marketing (si, vuelta) y todo aquello que ya conocemos y nos cuentan en cada evento al que asistimos (Keywords: Paradigmas, “Customer is King”, bleh).

Desde ese momento hay varios que pregonan (pregonamos) una forma diferente de publicitar los productos, una que no se base en mentir, engañar u ocultar. El Cluetrain Manifesto se adelantó a los eventos y fue una respuesta al marketing tradicional, donde “tradicional” debe ser entendido como “un poco engañoso“.

Cuando el otro día visito el Blog de Santiago Bilinkis para leer como se sentía completamente vejado por universo publicista porque Coca-Cola apeló a los espíritus (falsamente) nacionalistas que se encienden en las almas de mucha gente cada 4 años sentí dos cosas: 1. “ugh, no otra vez” y 2. “en perspectiva no es para nada grave“.

El punto 1 queda más o menos claro por la introducción del post. Desde el 2000 con Cluetrain, pasando por 2005 con “All marketers are Liars” de Godin es una figura repetida lo de “el Marketing usa algunas estrategias poco éticas para vender”.

Hace no demasiado tiempo demostré bastante asco por ver que esas mismas prácticas ya se han hecho un lugar común en el universo digital (en especial en Social Media).

Sobre el Punto 2. ¿Por dónde empezar?  Creo que a la vista de cosas como el marketing de las petroleras (causantes directas e indirectas de no solo polución sino de falta de controles e inversión en combustibles alternativos), de las tabacaleras (que llegarón a publicitarse con la frase “mi medico me recomendó la marca X”) o hasta incluso de la misma Coca Cola, ofenderse de que se reuse una idea creativa para 4 países me parece, honestamente, una pelotudez.

Coincido en parte con Fernando cuando dice en un comentario del post:

Si tenemos en cuenta los países mencionados, podremos entender aún sin tener datos fehacientes en la mano, que algunos de ellos mueven en volumen de producto en góndolas muchos más que otros, y otros a la hora de hablar de dinero, no representan tanto a nivel mundial si se los mide en dólares o en euros. Entendiendo que el mundo completo en diferentes estadíos atraviesa una crisis financiera, es comprensible que la “South Cone Region” haya decidido aunar esfuerzos logísticos y económicos y filmar un spot para cada país que la compone, partiendo de un mismo guión e idea a cargo de la agencia que los atiende en cuanto a lo que a fútbol se refiere [...]

Una de esas maravillas de la globalización es esa: se pueden efectivizar los costos. Ahora bien, en el mundo hiperconectado si hay que tener cuidad porque si bien es cierto que (y otra vez cito a Fernando):

[...] tenemos que ser conscientes de que es MUY, pero MUY probable que el grueso de la población argentina haya visto el spot de Lesotho-Argentina por primera vez (y una segunda, y una tercera) en la TV. Y así con los habitantes de Paraguay, Uruguay y Chile. Me juego los dedos con los que escribo estas líneas que fue así. Así que mas o menos entiendo por qué se tomó esa decisión, sin trabajar en Coca-Cola o en alguna de sus agencias.

Hoy la TV está muy pendiente de lo que se “viraliza” en la red y es posible que un escandalete de estos pueda terminar en un noticiero (en las nefastas secciones de tecnología/internet) o en un programa tipo TVR o RSM, por eso es bastante conveniente tener mucho cuidado con la percepción que se tenga de una marca o campaña (o lo que sea) en internet.

Cabe aclarar que siendo Coca Cola la “damnificada” es bastante poco probable que levanten éste tema en particular, nadie se quiere quedar afuera de su gasto publicitario.

Lo más interesante de la entrada de Santiago no es lo que Santiago escribiera sino el contraste de algunos comentarios con insights únicos (como el de Fernando, con quien no siempre coincido pero que siempre me gusta leer/escuchar) y otros casi histéricos en su defensa de su modus vivendi, creo que hace falta un mayor ejercicio de honestidad para adentro en las agencias de publicidad. En el momento en que se empiezan a justificar prácticas baratas o poco éticas se está en problemas.


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  • Daniel

    Creo que lo que molesta es el discurso “artistico” de la publicidad en general, la globalización hace que autos y licuadoras se fabriquen clonadas en cualquier lado para todo el mundo, si tomamos a la publicidad como un producto de ese proceso industrial nadie puede decir nada…
    El problema es que el ambiente publicitario insiste en ponerse en una especie de limbo flotante más cercano al arte que a la industria (alguien escuchó a un diseñador industrial autodenominarse “creativo”?).
    Para la industria, clonar es parte de su esencia, para el arte, vender de modo encubierto un monumento al libertador de 4 paìses clonando la misma figura es hacer basura…

  • http://estebanglas.com Esteban Panzeri Glas

    Daniel,

    Nuna me lo había planteado de esa manera, y creo que das en el clavo. Gracias por el comentario!