Borradas las líneas. Tatuadas a fuego.

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Éste post está inspirado por un artículo de Dan Gillmor compartido por @nchnone y una conversación que sostuve con Mariano Amartino acerca de la democracia.

Vivimos en tiempos interesantes. No se si buenos, pero definitivamente interesantes. Más allá del valor de los 250.000+ cables filtrados por wikileaks o de la suerte que corra su fundador, Julian Assange, se ha abierto una hendidura que puede tapiarse o volverse una ventana permanente.

La tecnología es un igualador. Tanto así que hace unos años se hablaba de Blogs y de Periodistas. Hoy hay muchos bloggers que actúan como periodistas, muchos periodistas que son también blogguers y muchos medios online que se han hibridado. Si, hace unos años  el Huffington Post era un blog, hace tiempo que dejó de serlo, por ejemplo.

Pero no vamos a entrar en la infructusa discusión de blogguers vs periodistas. Ya sabemos que a nada conduce.

Lo cierto es que la labor periodística, que en épocas en que tener una prensa rotativa era la única forma de tener difusión, se ganó un lugar (“el 4to poder ¿les suena?) preponderante y de utilidad en la sociedad, como guardián de los poderes, inquisitivo e investigador. Sin embargo el periodismo como profesión y como emprendimiento fué perdiendo credibilidad. La sensación de que, en muchos casos, hay una agenda impuesta y que la publicidad, los gustos populares y los dueños de los medios son los que en realidad hacen la edición final desacreditaron el conjunto como un todo.

Y entonces llega la Web. Y los blogs y otros CMS que permiten a individuos y grupos tener su propia presencia. Y todos quisieron tener una. Y está bien que así sea.

Es la misma tecnología de base la que permite que informantes compartan enormes cantidades de información de manera más o menos segura sin importar la ubicación de las partes involucradas.

¿Se imaginan lo que sería compartir, distribuir y procesar 250 mil cables en papel?

Todo este universo de nuevas posibilidades hace que las bien definidas funciones de antaño se borren, que las líneas desaparezcan. Los representantes bien separados de los representados, so9lo los periodistas “reportando”, los programadores (¿nerds?) solo dedicados a su micro-mundo: ninguno de esos -ni otros- clichés resiste ya.

Bajo ese nuevo orden, es válida la pregunta de Dan Gillmor: ¿Acaso solo los periodistas pueden pesquisar?

Varias potenciales disposiciones como enjuiciar a Assange por traición o intentar imponer una licencia federal para periodistas apuntan a grabar a fuego las viejas reglas y separación de aguas. “No, usted no puede preguntar porque no pertenece a la prensa” es una potencial respuesta de un congresista o un miembro del gobierno.

Y ahí es donde entra mi charla con Mariano (via DMs de Twitter) sobre democracia.

¿Acaso no es hasta la obligación de los ciudadanos de una democracia saber que está haciendo su gobierno?

¿No es una condición para la democracia que los gobernantes informen sobre lo que acontece?

Porque si los votantes no pueden acceder a la información que es necesaria para juzgar las acciones y desempeños de que democracia estamos hablando?

Las democracias solo son viables y legítimas con libre acceso a la información y toneladas de educación.

Pero claro, cuando “hackers” (y uso la palabra con ironía) actúan como periodistas, periodistas actúan como empleados y las divisiones de antaño dejan de aplicar el status-quo se confunde.

Y para evitar la confusión se legisla. Y se comenten, por lo general, muchos errores. Como querer reforzar las líneas que se van borrando.

Es lo mismo que sucede con las leyes de propiedad intelectual. Y las potenciales salidas son dos:

  • Se intenta reforzar la legislación restringiendo las formas de uso de las nuevas tecnologías,
  • Se adapta la legislación y los negocios a los nuevos usos.

En un momento único de la historia donde la transparencia gubernamental es técnicamente posible, queda ver si se puede hacer que sea conveniente.

Lo cierto es que desde que existe la burocracia, el secretismo ha sido una parte fundamental de la forma de hacer gobierno. Si la tendencia hacia la transparencia se afianza deberemos adaptar nuestras instituciones a vivir en la exposición. Y eso es una ganancia.


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  • Nch

    Interesante. Coincido con vos, no voy a disentir, sólo busco sumar una reflexión.

    Generacionalmente, creo, caemos en un error noble: el de idealizar. Eso no es intrínsecamente malo. Ahora si puede ser nocivo si nos relajamos. Las tecnologías son, hasta ahora, “potencialmente” igualadoras. Pero si observás con atención, en tanto y en cuanto esa cualidad “potencial” no se haga aún más “real”, las estructuras de poder (y no hablo en términos ideológicos, sino culturales) siguen siendo más o menos las mismas. Pasa que Internet las hace más obvias. Por eso es importante defender ese caracter “potencial” y abogar por hacerlo más “real”; por eso es importante tomar partido en debates como la neutralidad de red, la libertad de expresión, o en este particular punto q toca tu post.

    Las generaciones futuras necesitan tener asegurada su libertad en términos de acción virtual (No quiero entrar en esa eterna discusión sobre libertad v. máquina; sólo me refiero a lo virtual como campo de acción de lo público; antes la fogata, después la plaza, más tarde la TV, ahora la red…) En otras palabras, dada la escala q logró la red y el uso de las tecnologías, estamos en un punto dónde los senderos se bifurcan en cada diminuta decisión q tomamos –y recomendamos a nuestro grafo social tomar. Algo q siempre estuvo –algunos dirán q sólo en apariencia– en nuestras manos y, como sugerí antes, la red lo amplifica.

  • http://estebanglas.com Esteban Panzeri Glas

    Nacho,

    No puedo más que coincidir. Las herramientas permiten (y aceleran) lo que ya es natural y normal.