Civilización y barbarie: la lenta muerte de las corporaciones
Arrancando con esa increíblemente útil muletilla de “todo tiene que ver con todo” una entrada que leí hace poco en Ribbonfarm me llevó a pensar en un tema que alguna vez conversé café de por medio: ¿que mata a las corporaciones?

Evidentemente en el proceso de transformación que se da entre startup a gran empresa hay muchas cosas que cambian, que deben adaptarse y que se pierden. Muchas veces eso que se sacrifica es la innovación, la capacidad de reinventarse o adaptarse a los cambios del “medio ambiente”. Son pocas las grandes corporaciones que son percibidas como vectores de cambio, pero son muchas las que, o sucumben por su propio peso, o fuerzan la creatividad a base de adquisiciones.
¿Porqué sucede esto? ¿Qué les pasa a las corporaciones en ese proceso? ¿Porqué algunas parecen escapar a esa suerte mientras la mayoría tienen destinos menos felices?
A continuación una teoría semi-descabellada (pero no tanto).
Barbarie y Civilización. Startup y Corporación.
El enfrentamiento entre civilización y barbarie no pasa únicamente por lo militar, son formas completamente diferentes de vida y de organización. Mientras que los bárbaros (pastores nómadas) se ven obligados a desarrollar tecnologías sustentables porque no buscan la acumulación (si estas hoy aquí, mañana allí es muy inconveniente viajar con equipaje) los pueblos civilizados tienen como fin último la acumulación de riquezas (en forma de alimentos, metales preciosos, etc.) por lo que la tecnología que desarrollan es no-sustentable por propio objetivo.
Los bárbaros se organizan de maneras muy complejas, tanto así que es imposible crear organigramas efectivo para ilustrarlo.
Por la propia forma de vida los nómadas son mas inteligentes de manera individual y más precarios colectivamente que los pueblos civilizados.
Vale la pena elaborar un poco este punto: la inteligencia en los pueblos civilizados es transferida a las instituciones, un hecho que permite a los individuos ser mucho más productivos de lo que serían de otra manera. Pero esta misma transferencia de conocimiento hace que, pasadas algunas generaciones, esa inteligencia se transforme en culto, invalidando su propósito inicial y deteniendo el progreso y la innovación.
Cada vez que una horda Germánica llegaba a Roma, no solo la saqueaba sino que también refrescaba las ideas del imperio, lo suficiente para que durase lo que duró.
Extrapolemos.
Una empresa que comienza debe tener cultura nomádica; desarrollar herramientas sustentables (económicamente, claro está), cortar cuanta grasa pueda de la operación. Su organización suele ser complicada, con muchos individuos cumpliendo diversos roles. Su fuerte está en la creatividad, la adaptación y evolución constantes.
Las corporaciones, por otra parte, tienen su fuerte en la sofisticación, en la optimización de los recursos individuales y, claro está, en su propio volumen.
Se me ocurren pocas analogías mejores para ilustrar una gran empresa que el Impaerio Romano. Su estructura tiene un CEO (emperador, designado de manera no-democrática), un Board (el senado, compuesto de miembros de una élite) y a los accionistas (los terratenientes, aquellos que imponen sus deseos a placer si no hay una figura fuerte al frente de todo).
Condenadas a morir.
Por simple definición todas las corporaciones están condenadas a morir. Si nos concentramos en el hecho de que las corporaciones están pensadas sobre el fundamento de transferir el conocimiento individual hacia la institución es fácil darse cuenta porque fallarán: mientras la inteligencia individual tiene más poder que la inteligencia volcada en la institución, la empresa va a a ser pujante y con tendencia a innovar. El problema aparece cuando la institución tiene más poder que los individuos; cuando frases del estilo “porque siempre lo hicimos así” suenan a diario; eso marca claramente que una empresa está estancada o en declive.
Claro que al decir que una empresa está en declive uno se imagina malos resultados, pérdida de ventas, accionistas frenéticos. Esto no es necesariamente así. Tener “números saludables” no es sinónimo de ser una compañía saludable. Por lo general los problemas solo aparecen de cara a una amenaza concreta: una crisis, un cambio en el mercado, la aparición de un competidor.
¿Acaso Fannie Mae y Freddie Mac no parecían ser estables y productivas? Mounstros como el Citi o las automotrices debieron ser salvadas. Otras compañías estuvieron al borde del abismo (o cruzaron pero se salvaron a fuerza de Lobby).
Las adquisiciones de startups (¿”hordas bárbaras”?) son una manera de traer nueva inteligencia a una corporación aunque, en muchos casos, la propia idiosincrasia asfixia esos esfuerzos.
¿Entonces?
Poco. Es la propia naturaleza de la creación y establecimiento de una empresa lo que la condena, indefectiblemente, a muerte. El proceso puede ser lento o rápido, violento o gradual, pero es siempre inevitable.
Y ¿qué hay de empresas como Google o Apple?
Me alegro que pregunten (?).
El caso de Apple es paradigmático: inicialmente no se realizó una muy buena transferencia de inteligencia a la institución. Todos conocemos la historia de que estuvo a un par de meses de quebrar mientras Steve Jobs anduvo por afuera. Al volver su mesías produjo la transformación que la llevó a donde está ahora. Steve Jobs es, entonces, un bárbaro.
La pregunta es: ¿sobrevivirá Apple a no tener a Steve Jobs? No. Como todas las empresas está condenada a morir. La pregunta debería ser: ¿Puede Steve Jobs transferir inteligencia a Apple para que su desaparición sea lenta?
En cuanto a Google, tal vez el cambio de mando se deba a esto mismo. Eric Schmidt es “civilizado”; Larry y Sergei son barbaros. En un momento crucial de la empresa, en el que el cambio de paradigma de web a móbil se vuelve cada día más complicado tal vez la inteligencia (y el espíritu) nomádico sea exactamente lo que necesitan los muchachos de Mountain View.
Visto desde esa perspectiva podemos decir que, sin intervención externa, el sistema es bastante sano: crea un ciclo de nacimiento y muerte de empresas que empuja el progreso.
El problema surge cuando se distorsiona el ciclo. Pero eso ya es harina de otro costal.
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