Las discusiones de temas tan polémicos como el canon digital hacen surgir las opiniones más diversas. De un lado se encuentran los intereses de un puñado de artistas, del otro los de una comunidad que cree que la lógica de comercialización de los bienes culturales debe cambiar y la de los consumidores.
La opinión pública puede equipararse con un elástico: se puede inclinar hacia un lado u otro, pero de manera sutil. Los cambios abruptos no suceden o terminan, inevitablemente en rupturas muy difíciles de conciliar.
Es muy fácil caer en la tentación de atacar a aquellos que tienen una opinión diferente, sin embargo tales actitudes son las que comprometen el avance de la argumentación hacia un fin que resulte beneficioso para todas las partes. Este tipo de argumentación poco feliz se hizo presente en ambos lados de la mesa.
Según Clarín, Teresa Parodi Adujo:
“Estoy triste porque no entienden que esto ayudaría a fomentar la cultura, me enoja esta ola en contra del derecho de cobrar por nuestro trabajo, como lo tiene todo el mundo. Nosotros los creadores sufrimos mucho económicamente con esta posibilidad de la burda copia”
Peor fue la expresión de Andrés Calamaro, falto de argumentos decidió acudir a una arenga cuasi-futbolística en twitter para presentar su caso:
Los musicos ponemos los huevos y los critwittircos cacarean.
Por el otro lado, Derecho a Leer postea bajo el título:
Internet y Artistas: 1 ‘Star System’ y Pichetto: 0
Ésto no es un partido de Futbol, no es una pelea, debería ser una discusión profunda acerca de los cambios en la creación, distribución, reutilización, remezclado y comercialización de los bienes culturales.
Haciendo un mea culpa dentro de los tweets que realizaba en vivo mientras sesionaba la comisión de senadores también hice observaciones poco constructivas en el candor del momento.
Creo conveniente aclarar un par de puntos de vista personales,
- Considero que los artistas e interpretes tienen pleno derecho a lucrar con sus obras
- El viejo modelo de derechos de propiedad intelectual (avejentado aún más con medidas tipo el Sonny Bono Act) está muerto. Es un zombie que debe desaparecer.
- Los principales interesados en proponer leyes del estilo del Canon Digital son las corporaciones, dueñas de los derechos, intermediarios cada vez menos necesarios.
- Ante una realidad de distribución y comercialización de bienes culturales completamente novedosa y diferente de la anterior las leyes tienen la necesidad y obligación de cambiar.
- El derecho de acceso a la cultura y el derecho de lucro de los artistas e intrpretes no están en contradicción, considerar esto solo puede conducir a enfrentamientos y no a soluciones.
La mayor parte del “sufrimiento” al que aduce Parodi se debe no a la “posibilidad de la burda copia” sino a la imposibilidad de la convivencia entre leyes arcaicas, empresas comercializadoras de cultura con puntos de vista obtusos y una realidad cambiante y novedosa.
Mucho me temo que medidas que busquen “parchar” la situación van a ser no solo inútiles sino también contraproducentes, afectando, por ejemplo, temas como la inclusión digital.