Soy un ferviente defensor de la crítica. Eso me gana no pocos detractores. Es que la crítica tiene mala prensa, está mal vista y es considerada de poca educación. La mayoría de la gente prefiere la cara de nada, la media-sonrisa falsa y el “está bueno” mientras te muestran su creación mutante.
Pero la crítica es el paso previo al progreso. Ya sea de manera consciente o inconsciente es a través de una queja u observación que comienza el cambio.
El universo, el mundo, la naturaleza, la humanidad, las comunidades no son estables. No existe el equilibrio. Algunas veces nuestra perspectiva acotada nos hace creer que algunas cosas están “grabadas en piedra”, pero hasta la más pétrea de las superficies termina erosionada.
Por otra parte toda novedad tiende a ser percibida como buena, como un intento de hacer algo distinto.
Con todo esto en mente, emitir críticas ya sea de realidades establecidas o de productos novedosos es complicado. Sumemos los ya clásicos “¿Y vos, qué sabés?”, “¿Y vos que hiciste?” y no queda espacio alguno para emitir una opinión.
La verdad es que todo esto es una estupidez. Las buenas ideas, las observaciones acertadas o los disparadores de cambio pueden surgir de cualquier lado. Al menos en mi experiencia personal ese ha sido siempre el caso.
Siguiendo la lógica del “y vos ¿qué hiciste?” uno debería refrenarse de opinar acerca de la mala atención en un restaruant, un supermercado, el gobierno, o los políticos (al fin y al cabo pocos son dueños, chefs, repositores, gobernantes, legisladores o mozos).
Sin crítica es imposible mejorar. No importa si es bien- o mal-intencionada, si es autocritica, de un experto o de un ignaro, toda observación lleva a reflexión que conduce al cambio y al progreso.
Estar del lado receptor no es agradable. Definitivamente si uno pone un cierto grado de pasión en lo que hace es muy difícil no tomar ciertas observaciones de manera personal. Pero es absolutamente necesario abstraerse no solo de cara a una crítica sino para permanecer objetivo ante lo que estamos haciendo -el viejo lema de que “el árbol no tape al bosque”-.
“Haters gonna hate”. Definitivamente, pero son los criticones los que, en muchos casos, hacen las veces de punta de lanza para el cambio.
Es cierto que algunos exageran (¿exageramos?) tanto en la cantidad como en la virulencia de la crítica, pero desestimar el potencial de cambio que representa solo por su mal uso es como dejar de usar electricidad porque, de vez en cuando, a alguno le cae un rayo.