Argentina crece, según sus funcionarios, a "Tasas Chinas"

De Kirchnerismo

Argentina crece, según el gobierno, a "Tasas Chinas"

No es costumbre de este blog entrar en observaciones de detalle político. Se suelen tratar temas más macro, ya sea en redes sociales, política o economía (temas recurrentes de los últimos meses).

En lo personal intento abstraer las problemáticas de los colores partidarios o enfoques ideológicos. Hoy esa regla tácita va a ser rota por primera vez (que yo recuerde).

El Kirchnerismo cumplió ya 8 años en el poder. Desde el 23 de octubre pasado es un hecho que ese período va a llegar -al menos- hasta los 12.

Es un movimiento político que habrá cambiado a la Argentina para siempre.

No suscribo a los detractores que achacan todos los logros de los pasados 8 años al “viento de cola”. Si bien hubo condiciones globales favorables, hay dos de varios factores que aquellos que critican al gobierno Kirchnerista pasan por alto:

  • Desde el default del 2001 Argentina ha estado financieramente aislada. Esto no es una ventaja.
  • Existen sobrados ejemplos de condiciones favorables desaprovechadas. Las privatizaciones de principios de los 90′ reportaron al país más de 28.000 millones de dólares (12.000 en ingresos directos, 16.000 en deuda recuperada), que prácticamente se esfumaron.

Mantener el superávit fiscal y comercial también es un logro. Uno que se hace cada vez más costoso, tema a explorar más adelante en esta misma entrada.

Comparto varias políticas sociales y culturales. El matrimonio igualitario es un paso enorme hacia un futuro con menos discriminación (no sólo hacia aquellos con inclinaciones sexuales diferentes, sino para todos), la Asignación Universal por Hijo (AUH) es una buena base de red de contención social.

La búsqueda de la justicia encarcelando y juzgando a los responsables de los crímenes de Estado llevados adelante por la última dictadura militar me parece loable.

Mi acompañamiento llega hasta ahí. No puedo concordar con una clase dirigente que hace de la mentira, la confrontación y la agresión su operatoria cotidiana. Si bien puede decirse que esas son características más bien superficiales denotan una forma de actuar mucho más profunda.

Economía

Vengo explorando los temas de cambio, adaptabilidad y pensamiento único. El Kirchnerismo está casado con una serie de recetas que le han funcionado de manera extraordinaria hasta el momento. En retrospectiva han hecho muchas de las cosas necesarias para rescatar al país del abismo en el que había caído entre 1995 y 2002.

Pero ni la situación mundial, local o política son las mismas. Seguir con el mismo recetario es obtuso y contraproducente.

Sin embargo no creo que lo cambien. La Presidenta, Cristina Fernandez, acaba de recibir el aval del 54% de la población que parece decirle “sigan tal cual”. Si uno se pone en esa situación es muy fácil obnubilarse.

En otro país uno podría referirse a “la realidad” tomando números y datos oficiales como sostén y referencia. Lamentablemente en Argentina eso es un lujo de otros tiempos. La destrucción, manipulación y ofuscación de todo dato que no sea favorable hace muy difícil poder sustentar argumentos en otra cosa que no sean meras suposiciones y conjeturas.

Las acciones tomadas por el Kirchnerismo desde hace más de dos años parecen indicar que existe un serio problema de balanza comercial y fiscal. Las restricciones a las importaciones y, más recientemente, las medidas tendientes a complicar la compra de divisa extranjera (lease dólares) sirven como evidencia de, al menos, cierta preocupación por los números de la macroeconomía.

Resulta un tanto incomprensible que, tras casi 10 años de declarado el default en Argentina, el país no haya terminado de resolver su reingreso a los círculos financieros. Y no hablo de “seguir las recetas del FMI”, a esa gente más vale perderla que encontrarla -al menos como consejeros-, sino de dar por finalizada una etapa, dejar atrás la morosidad y avanzar.

También me parece poco apropiada la forma en que se aplica política de sustitución de importaciones. Teniendo un mercado interno ínfimo y estando geográficamente lejos de los principales centros de consumo y producción, tiene poco sentido querer fabricar todo, desde celulares hasta automoviles. Y la mayor parte sin eso sin real valor agregado estratégico.

Es decir: si RIM (fabricante de BlackBerry) decide que va a poner una ensambladora en Tierra del Fuego para acomodarse a las restricciones ¿qué es lo que realmente gana el país?

  • No se suma know-how, saber montar un aparatito no es un conocimiento clave ni estratégico.
  • No agrega valor económico. Se genera un limitado número de fuentes de trabajo. Habría que ver si ese beneficio no se contrarresta con las desventajas de tener una economía tan bloqueada.
  • No se fomenta la innovación; al armar cosas que vienen diseñadas y pre-fabricadas desde otras partes del globo se generan puestos de trabajo repetitivos y no-creativos.

Lo que más tristeza me produce es que existe una coyuntura global que sería propensa para que la Argentina pueda diferenciarse y sobresalir. El país está en una situación de relativo confort frente a la recesión que enfrentan en USA y varios países de la UE.

Si se pensara estratégicamente en términos de diferenciación y ventaja competitiva se podría tomar este momento particular y catapultarse hacia el futuro: poniendo el foco en desarrollar tecnologías de la siguiente generación (vs. ensamblar ideas de otros), normalizando la inflación y creando condiciones favorables para inversiones a largo plazo.

Confrontación

La confrontación continua con los disidentes es una estratagema que ha dado sus frutos al Kirchnerismo. Lograron prácticamente anular a la oposición, que no presenta alternativas viables. Lo que han logrado es hacer parecer a los opositores más distantes como descarriados y a los más moderados como “no-suficientemente-diferenciados”.

Sin embargo no es posible construir proyectos de país a base de confrontaciones. Si bien no todos pueden concordar todo el tiempo, si no se sientan bases comunes Argentina va a seguir con su historial de “el que viene deshace todo lo del anterior”.

Justicia

También existen cuentas pendientes con respecto a la justicia. Y no me refiero a endurecer las penas y cosas por el estilo. Se está violentando el derecho humano al acceso a una justicia eficiente y rápida. Hay miles de detenidos sin procesamiento en comisarias o penales. Es inadmisible que no se haya encarado una transformación profunda en pos de la eficacia del sistema judicial. Desde un punto de vista administrativo la justicia Argentina es poco menos que caótica. Es costosa, ineficiente y, por ello, atenta contra los derechos de todos.

Obra pública

La obra pública, un  ítem cada vez más preponderante en el presupuesto nacional no llega a concretarse en bienestar para los ciudadanos. Existe un déficit habitacional que es criminal, fuerza a un elevadisimo porcentaje de la población a vivir en condiciones infrahumanas. Las grandes obras de infraestructura vial necesarias para mejorar la competitividad de los productos argentinos simplemente no suceden.

Varias de las principales rutas que desembocan, por ejemplo, en la Capital, (3, 5, 7, 8, 210) están colapsadas desde hace más de una década. Los trenes, tanto de pasajeros como de carga, se hallan en condiciones de virtual abandono. Mas allá de algún anuncio puntual rimbombante y falto de esencia, realizar viajes urbanos e interurbanos es una aventura cada vez más riesgosa.

En fin

La lista de críticas puntuales podría seguir extendiéndose. Sin embargo, y para resumir, puedo concretar mi no conformidad con el actual gobierno de la Argentina en la siguiente serie de puntos:

  • La mentira sistemática (INDEC, ocultamiento de datos que deberían ser de acceso público, etc.)
  • La no-erradicación de prácticas clientelistas.
  • La falta de planificación estratégica.
  • La improvisación.
  • La falta de recetas alternativas.
  • Las decisiones arbitrarias (cierre de importaciones, bloqueo de compra de dólares)
  • El descuido del Sistema Judicial.
  • Inversión pública pobremente ejecutada.
  • La polarización de las opiniones (o estás con o estás en contra).
  • La inexistente planificación de desarrollo sustentable.
  • El veto a la Ley de Glaciares.
  • El menosprecio y la descalificación de todos aquellos que no adhieren al pensamiento oficial.
Nada me gustaría más que rever este post en 2 años y tener que tragarme mis palabras. Pero no voy a estar aguantándome la respiración mientras tanto.