Hace unas semanas escribía una entrada sobre redes sociales, analizando el enfoque de fuerza bruta de Google para imponer Google Plus. La muy agresiva estrategia, que abarca desde cambios en toda su línea de productos hasta una inversión publicitaria enorme, intenta falsear un proceso que debería ser natural. Tengo algunas dudas acerca del resultado final. Más bien: muchas dudas.
Ese mismo tipo de actitud corporativa parece estar en expansión a otras áreas de la empresa. Ayer nos enterábamos que Google va a cesar el desarrollo de la app de gMail para Blackberry. Si a esa pequeña noticia sumamos el fiasco de la App del mismo servicio para iPhone se puede inferir, sin quemar demasiadas sinapsis en el proceso, que poco le importa a los de Mountain View cualquier cosa que no sea android.
Siguiendo con el listado de decisiones, no puedo dejar de lado la de comenzar a cobrar a los desarrolladores por el uso de Google Maps.
Estas cosas parecen estar en flagrante contradicción con las estrategias de la empresa de hace tan solo un par de años. Construida sobre un modelo de apertura y colaboración, con el objetivo de acercar la información a la gente, Google logró posicionarse como el gigante tecnológico que es.
Como bien describe Mariano: “en internet somos simples peones y le dimos las llaves del reino a Google“.
Claramente entendieron el negocio de la web antes y mejor que nadie. Pero no sucedió lo mismo con los dispositivos mobiles ni con las redes sociales.
Debe ser muy difícil para una corporación cuya cultura supone ser la punta de lanza, adaptarse a trabajar a la sombra de otros. No tanto en negocio, si en innovación y desarrollo.
Tal vez sea por estar en esa incómoda posición que la empresa se ha vuelto tan agresiva. Pasó de una cuota de codicia saludable, del “querer hacer más y mejor” a “querer eliminar todo lo que no sea Google“. Por eso fuerzan a que todo sea +1 (usando su poder más grande el de los resultados de búsqueda para apalancarlo), plus (te quitan toda forma de compartir, por ejemplo del reader, te reemplazan todo por Plus) y android (lisiando funcionalidades de servicios para otros dispositivos mobiles).
Claro que el timing no es el más apropiado. Con sendas demandas antimonopólicas acumulándose en el horizontes, cual cumulo-nimbus que anuncian tormentas venideras, entrar en actitudes abiertamente beligerantes no parece ser muy inteligente.
Es ahí donde claramente se ve una voracidad insana. Tal vez sea la crisis de la mediana edad, como describe el New York Times, la que empuja a ir por más, en palabras del propio Larry Page:
“Ever since taking over as C.E.O., I have focused much of my energy on increasing Google’s velocity and execution, and we’re beginning to see results,”
La guerra de patentes, la eliminación de servicios, la consolidación de su posición, todo indica que ya es una corporación madura, en el peor de los sentidos.
No se cuanto tiempo más podrá mantener Google su motto “do no evil” sin que parezca enteramente una ironía.
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