La polémica como estrategia y su potencial viralizador
Hace no tanto tiempo, leía en un post algunos tips para hacer un poco de prensa, sin dinero, en una startup. Entre ellos, uno me quedó reverberando, por su astucia y osadía.
Básicamente, el truco consistía en ingresar a un foro importante, y generar polémica en torno a tu ignoto producto, con alguna frase belicosa del tipo «¿Vieron esta nueva página de mierda? Es cualquiera, no puedo creer que alguien invirtiera en ella». Contra cierto sentido común, tirarle una piedra a tu propio emprendimiento puede ser una buena idea: anima a los curiosos y criticones a ingresar al sitio, lo que lo pone en la agenda, generando también, en el camino, muchos defensores.
Porque es así: donde hay detractores, hay defensores, y donde hay ambos hay polémica. Y la polémica moviliza, calienta, hierve la sangre y desata las ganas de discutir, y comentarle a un amigo (y twittearlo a los cuatro vientos) la boludez que escuchaste, o como le taparon la boca al otro, tu contrincante. Vaya uno a saber qué mecanismo del cerebro humano hace que todo este circo sea más atrapante (engaging) que una crítica centrada, ponderadora y serena (en otras palabras, aburrida).
Hace poco Esteban escribía sobre pensamiento unlineal y creo que tiene que ver con lo mismo. Lo unilineal permite ponerse una camiseta, de un color definido. Permite ver con claridad a los dos bandos (a veces son más de dos, pero tiene que mantenerse la idea de bandos) y eso despierta más nuestras ganas de atacar o defender, porque ponerse la camiseta es poner el cuerpo, estar dispuesto a pasar a la acción. Cosas del mundo animal, apresuro a pensar.
El hecho es que a veces me encuentro leyendo algunos blogs con los que nunca estoy de acuerdo, o comentarios en los diarios online, y entonces pienso qué funcional es esto para los fines del negocio, del rating, las visitas (no los clicks, pero quizás sí las suscripciones a comentarios). Y ojo que no sólo tiene que ver con hacer plata, a veces es simplemente una mecánica del ego, una forma de estar en boca de todos. Pareciera que, al final, ser preciso, centrado y complejo no tiene un buen retorno de la inversión: si los argumentos son difíciles de seguir y los matices inhiben la opinión del lector, la interacción y el interés decaen. Quizás por eso también me equivoco al analizar la dinámica de algunos blogs: los posts tendenciosos son un acierto, un disparador que por lo pronto generan debate (casi siempre abierto), que se refuerza si los bandos persisten en su opinión, desatino o error. Casi todo buen blog tiene un némesis dando vueltas por sus comentarios, y -parafraseando algo que hace poco leí- el que no tiene un troll, no tiene comunidad.
En definitiva, un post un poco mal escrito, quizás, maquiavélicamente hablando, es la mejor estrategia de difusión, aunque su autor no siempre lo sepa. Eso sí, las consecuencias en la imagen del sujeto, marca, medio o blog habrá que charlarlas en otro lugar.
Foto por nacho akd.
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