De revoluciones industriales

De revoluciones industriales

Recientemente The Economist publicaba una nota acerca del albor de la tercera revolución industrial. Mientras la producción se torna completamente digital con la no-tan-novedosa automatización de las plantas y la más-novedosa fabricación aditiva (lease “impresoras 3D”) muchos países post-industriales optan por repatriar labor.

El ejemplo de Apple comenzando a producir Mac Mini en Estados Unidos es tan solo el más reciente (y visible, como todo lo de la manzanita).

Lo cierto es que la industria tiende a tener unos pocos ingenieros altamente calificados y cada vez menos mano de obra barata. Estamos al inicio de un proceso de cambio de proporciones en cuanto al impacto de la forma en que se producen los bienes.

playmobil-2007-1974Esta navidad trajo para mis hijos algunos Playmobil. Alguno de ellos de producción alemana, otros de producción argentina (vía licencia a Antex). Sin entrar en juicios de valor de la calidad de los productos, lo cierto es que los muñequitos y accesorios Argentinos son fabricados según moldes de la década del ’70 y del ’80.

Eso me condujo a pensar como sería el futuro de Geobra (los creadores del Playmobil), e imaginé que sería mucho más eficiente (para el consumidor y la empresa) que, en unos años, uno pudiera comprar la licencia individual de un set de juego y enviar a “imprimir” a tiendas -similares a los locales de revelado de antaño o plenamente digitales- lo que uno quisiera. Veo menos probable que uno pueda hacerlo desde casa, pero tal vez la tecnología avance lo suficiente para que ese sea el caso (considero dificultoso que la impresión 3D hogareña supere el nicho de los hobbistas, pero ¿quién sabe?).

Lo interesante es pensar en las implicaciones que se pueden inferir del cambio en el paradigma productivo.

Primero y antes que nada una obviedad que muchos hacedores de políticas de promoción industrial parece olvidar: es cada vez más importante (económicamente) la generación de ideas que la generación de bienes. La internet y su ecosistema de startups y corporaciones es tan solo una prueba de ello. Bajo el escenario futurológico planteado una licenciataria intermedia como Antex estaría condenada a desaparecer.

Es prácticamente imposible que alguien, en el futuro, pueda o quiera imprimir un auto o una Tablet, pero no es tan descabellado pensar en que si sería posible producir juguetes, cuadros de bicicleta, objetos de decoración y diseño, componentes varios y una larga lista de etcéteras de manera distribuída y netamente digital.

De darse el escenario planteado por este post, va a ser interesante observar si las batallas por los derechos de propiedad intelectual, la pelea en contra de la piratería y demás bemoles a los que la industria de la música y audiovisual nos tienen acostumbrados se van a repetir con los procesos de manufactura.

La publicidad anti-piratería de los DVDs decía “No robarías un bolso“. Dejemos de lado, por un segundo, la falacia de que descargar una película es igual a robar, ¿descargaríamos un bolso o un accesorio “ilegalmente” si pudieramos?

Si se descentraliza la producción, no faltarán oportunidades para saltearse esos molestos costos de propiedad intelectual. (Si, es sarcasmo).

Las transformaciones en los modelos de manufactura y distribución siempre preceden a los cambios en los modelos de negocio. La irrupción del MP3 y la internet obligaron a las discográficas a cambiar sus modelos -y lo hicieron parcialmente y a regañadientes-.

Y no es esta una inherencia única de la era digital. La primera revolución industrial produjo shocks y cambios en los modelos económicos más profundos de los que vivimos actualmente. La mayor diferencia es que aquellos cambios se produjeron a lo largo de más de un siglo, por lo que su impacto percibido para el ciudadano de a pie puede haber sido menor.

Sin embargo durante ese siglo nació la globalización, el sistema financiero moderno, las corporaciones tal y como las entendemos hoy. Es imposible de cuantificar, pero el mundo cambió en formas más radicales entre 1750 y 1860 de lo que lo hizo de 1900 a 2010.

La digitalización de los procesos de producción industrial augura cambios qué aún no estamos en condiciones de comprender o proyectar efectivamente. El foco debe ponerse en la producción de ideas, el resto, dentro de una década, será anecdótico.